sábado, 19 de mayo de 2018

No me sueltes



Está claro que cuanto mas intentes planificar tu vida, más salen las cosas como menos te lo esperas. Así que aprendí ya hace tiempo a no tener muchas expectativas de que mis planes se cumplieran y a improvisar cuando toca. 

Eso es lo que hice aquel día que conocí a aquel chico pelirrojo tan especial... ¡Sí, pelirrojo! ¡Yo que no puedo con los pelirrojos! ¿Pero sabéis qué? También he aprendido que en esta vida, cada vez que dices de este agua no beberé es justo lo que acabas haciendo.

Porque la vida es eso, aprender a que nada es imposible y a que nunca hay que decir no haré esto ni lo otro... porque precisamente eso puede acabar siendo lo mejor que jamás te hayas imaginado.

Sí, lo reconozco. Tampoco creía ya en los flechazos y mucho menos en volver a enamorarme a estas alturas en las que tanto he dicho que paso de todo y me centro solo en el trabajo y mi hija. Pero ahí está, el flechazo. Me atravesó de lleno el miércoles y desde entonces no soy capaz de dejar de pensar en esa personita que sin darse cuenta y sin hacer nada en especial, quedó grabada en mi corazón, y en mi alma. Porque en un sólo rato estuvimos como si nos conociéramos de toda la vida, y eso no ocurre muchas veces en la vida. Porque al mirar sus ojos vi pureza, ternura y sinceridad. Vi las ganas de vivir y de volver a empezar. El anhelo de volver a amar. Y me vi a mi reflejada en ellos.

¿Una locura? Puede ser. Pero una muy bonita, desde luego.

Pero las cosas no son siempre lo que parecen y los miedos son muy malos y a veces juegan malas pasadas. Y lo peor de todo es que cuánto más intentas deshacerte de ellos, más presentes están.

Así que toca tomarse las cosas con calma y ver lo que nos depara el futuro. No sé si acabaremos juntos, pero sí sé que tengo todo el tiempo del mundo para que eso pueda ocurrir, y que haré todo lo que esté en mis manos para dejar todas las puertas de par en par para que, cuando sea el momento, esa gran y bonita historia que podría surgir no se me escape de ninguna manera.

No necesito ni quiero conocer a nadie más. Porque mi corazón ya tiene dueño y los que me conocéis sabéis que en mi corazón solamente hay hueco para una persona especial, a parte de mis amigos y familia, naturalmente. Pero cuando me enamoro lo hago con todas las consecuencias y lucho hasta el final. Por amor he hecho locuras, que sí es cierto que no repetiría, también lo es que siempre queda huequecito para alguna locura más. 

¿Y qué locura puede ser más bonita que intentarlo con una persona que al igual que yo, aunque en otro sentido, lo ha pasado igual de jodidamente mal que yo por amor y que aún así no ha perdido su esencia?

Porque eso es lo único que cuenta, la esencia. La bondad. Las miradas puras, tan difíciles de encontrar hoy en día. La voluntad de intentarlo de nuevo y de luchar por algo que puede acabar siendo muy, muy bueno.

Yo he aprendido mucho con todas mis experiencias, pero a veces solo se necesita una para saber lo que uno quiere en realidad. 

En mi caso, siempre he sido de las que tiran la toalla por algún motivo. Nadie me enseñó a luchar realmente por un amor, o lo que es peor, nadie me enseñó qué era realmente el amor. Y yo no estaba lista cuando me casé, lo reconozco. Pero eso lo sé ahora. Así es, lo único que nos hace aprender en esta vida, para bien o para mal, son los errores que cometemos. 

Acabé tirando la toalla sin luchar lo suficiente, y creo que eso me ha convertido en más luchadora ahora que sé lo que quiero y los errores que no volvería a cometer. Y no quiero más cosas a medias, inacabadas, sin futuro. Ya he tenido suficiente de eso en mi vida. 

Quiero algo real, por dificil que resulte. Quiero luchar, quiero lo bueno y lo malo. Porque para lo bueno está cualquiera, pero a la hora de la verdad muy pocas personas se quedan en las malas. He aprendido que si realmente quieres a alguien, cuando precisamente tienes que estar es en esos momentos. Lo he sentido en mi propia piel y no me ha gustado nada que solo quieran lo bueno.

Quiero algo que podamos construir entre los dos, poco a poco. Mirando en la misma dirección, luchando día a día por lo que queremos. Y lo quiero contigo, pelirrojo. 

Así que no creas que te vas a deshacer tan fácilmente de mi, porque sé muy bien cuándo alguien te echa de su vida porque no te quiere y cuándo lo hace por no hacerte daño. Yo misma lo he hecho demasiadas veces, y por desgracia, ninguna de esas persona supo ver que cuándo la echaba de mi lado era cuando más la necesitaba.

Soy mayorcita y elijo yo misma con quién me quiero arriesgar a que me pueda hacer daño. Sé muy bien cuál es la situación, y aún así no pienso moverme de tu lado aunque por el momento sea en la distancia. Estoy aquí. Siempre estaré, si tú quieres.

Porque yo soy así cuando creo en alguien, leal e incondicional,. Siempre lo he sido, pero he ido perfeccionando con los años y más ahora que sé lo que quiero en mi vida. Quiero ser feliz al lado de alguien. No quiero más soledad. Quiero ser feliz contigo, si tú me lo permites, y sobre todo, hacerte feliz a ti cada día del resto de tu vida. Porque es lo que merecemos, aunque ahora posiblemente no puedas verlo porque tus miedos te nublen la vista.

No puedo prometerte que siempre seremos felices y comeremos perdices. Pero sí puedo prometerte que si tú me dejas, te cuidaré y mimaré como nadie lo ha hecho en toda tu vida. Que estaré a tu lado siempre que me dejes, y que no saldré huyendo cuando haya problemas entre nosotros. Y si lo intento ya sabes... no me dejes ir. Porque eres lo que quiero y lo que creo que necesito en mi vida.

Deja que decubramos juntos el camino. Prometo cogerte de la mano y no soltarte cuando haya piedras. Porque si los dos nos sujetamos bien, las piedras solo serán un obstáculo pero no un impedimento.

Quédate a mi lado. No te rindas, no dejes que tus miedos te hagan decidir por una soledad que no quieres en tu vida. No me sueltes, no acabes con esto antes de que haya podido siquiera comenzar. 

Te prometo que no te arrepentirás.







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